Último maestro artesano de navajas en A Pontenova: entrevista a José Rodil

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José, tu historia está muy ligada al hierro. ¿Cuándo empezó esa relación con la forja y qué te llevó a dedicarte a este oficio?

Empecé jugando en la forja de mi padre y fui aprendiendo casi sin darme cuenta. Me gustaba jugar con la madera y cuando fui más mayor empecé a forjar el hierro, y poco a poco empecé a hacer mis primeras piezas, con muchos defectos y muy rústicas hasta que mi padre no me dijo que estaban perfectas, no vendí ninguna. Lo que empezó con un juego pronto se convirtió en mi oficio. De hecho, estudié, hice algunas piezas de adolescente y me formé para administrativo, vino el servicio militar y al venir, estuve algún tiempo en Correos, y después estuve trabajando en un taller de mecanizados como administrativo, pero no era lo mío, así que años después, volví a la forja y desde entonces no lo he dejado.

 

En A Pontenova, donde el hierro forma parte de la identidad del lugar, tú representas la continuidad de esa tradición. ¿Cómo vives esa responsabilidad?

He defendido mi trabajo desde hace años, cuando todo el mundo tiraba por lo fácil, por la fabricación industrial. Un oficio no se hace de un día para otro, son muchas horas de aprendizaje, empiezas como aprendiz, oficial y finalmente maestro. Hoy en día hay gente que de un día para otro hace navajas, lo traen todo hecho industrialmente, no es artesanía es fábrica y lo cierto es que engañan a la gente, son navajas de nulo valor artesano. Las sagas como la mía se están acabando, y este oficio también, es una pena, pero es lo que hay.

 

Trabajas de una forma muy artesanal. ¿Qué significa para ti mantener este oficio en un mundo cada vez más industrializado? 

Significa un legado, la satisfacción de hacer un trabajo bien hecho, el orgullo de haber llevado y seguir llevando el apellido Rodil por todo el mundo, y la dicha de ser unos de los últimos maestros que van a dejar huella en todas aquellas personas que creyeron en mí a lo largo de todos estos años.

 

Cada navaja o cuchillo que sale de tu taller tiene mucho trabajo detrás. ¿Qué parte del proceso es la más especial para ti?

El forjado y el templado son básicos y la decoración de alguna pieza me hace sentir muy satisfecho.

 

Con los años, ¿cómo ha evolucionado tu forma de trabajar? ¿Has cambiado cosas o te has mantenido fiel a lo de siempre?

En lo básico es de forma tradicional, mi innovación ha sido en la incorporación de maderas y nuevos diseños tanto en mangos como en argollas y sobre todo la creación de piezas más exclusivas.

 

No buscas un público masivo, sino gente que realmente valore lo que haces. ¿Cómo es ese visitante que llega a tu taller?

Es el visitante que le gusta las piezas realizadas a mano, exclusivas, que valora la artesanía, el buen hacer y que sabe que en cada pieza va un trocito del alma del artesano.

 

Cuando alguien entra por primera vez en tu forja, ¿qué experiencia se lleva? ¿Qué suele sorprenderle más?

Siempre se lleva una buena experiencia, lo demuestra cómo nos tratan en las redes sociales, como nos envían comentarios  de agradecimiento por email, WhatsApp, las fotos que nos envían de la visita y como las muestran en sus perfiles sociales, como nos etiquetan … y sobre todo en que suelen repetir la experiencia de compra o con nuevas visitas.

Lo que más le sorprenden son el montón de procesos necesarios que lleva cada pieza y las curiosidades que les vamos contando mientras se realiza el proceso.

 

Sigues haciendo visitas, pero de forma más cuidada y selecta. ¿Cómo son esas visitas y qué buscas que se lleve la gente cuando sale?

Quiero que vean el proceso completo en la elaboración de una navaja, quiero que sepan que son piezas únicas y que se pueden hacer de cualquier forma o tamaño, incluso personalizarlas al gusto en la hoja, argolla o mango.

 

También abrís el taller a colegios e institutos. ¿Qué significa para ti enseñar este oficio a las nuevas generaciones? 

Me gusta que los jóvenes aprendan el significado de la artesanía, que nada tiene que ver con lo industrial, y que para llegar a lo industrial primero hubo que pasar por aquí.

 

Seguro que en todos estos años has vivido muchas historias. ¿Hay alguna anécdota o recuerdo especial con visitantes que te haya marcado?

Claro que sí, muchas…

Hace años tenía en Barcelona, un señor que le encantaban mis piezas y cada vez que salía una nueva se la enviaba por correo. Cada persona nueva de su familia, hijos, nietos, sobrinos… tenía una pieza diferente personalizada con su nombre… hace años que murió, pero su recuerdo permanecerá siempre en mí.

Otro recuerdo que tengo fue cuando hace años vino a mi forja una excursión de estudiantes estadounidenses, les encantó mi trabajo y se llevaron todas las piezas disponibles en ese momento… hay muchas más, hablar con la gente enamorada de este oficio, te trae un sinfín de satisfacciones y de historias…

 

Para alguien que esté pensando en venir, ¿por qué crees que merece la pena visitar A Pontenova y descubrir de cerca un oficio como el tuyo?

Las Minas, el mineral, los hornos, las herramientas… vivimos en un entorno donde el hierro ha sido parte de nuestra historia, yo formo parte de la historia viva, además tenemos un montón de rutas, un río maravilloso, en Conforto arte sacro , tirolina, pesca, caza, en definitiva, estamos en un lugar privilegiado para disfrutar de la naturaleza y muy cerquita del mar.



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